* Nana

Llegó a mi vida en el momento más difícil.

Nana, por el ‘Nano’ (Fernando Alonso) era una bolita blanca diminuta que entraba en la palma de mi mano.

Jugando, echando carreras, y arañando todo, fue creciendo y convirtiéndose en una preciosa gata siamesa, de pelo gris brillante y unos increíbles ojos azules.

Elegía mis piernas para dormir, impidiéndome cualquier movimiento; reclamaba su aperitivo en torno a las doce, y sesteaba durante gran parte del día, unas veces en el suelo, otras encima de mis dibujos.

Llegó cuando más la necesitaba y el nexo niña-gato fue inmediato. Yo la acariciaba, ella me ronroneaba; cuando quería jugar, mis talones eran su juguete favorito; cuando algo iba mal, sé que su instinto le hacía estar a mi lado. La unión fue indestructible cuando lamió mis lágrimas como protegiéndome y consolándome… como si me creyese una más de su especie.

Cada pequeño ruido en el tejado me pone en alerta. Ojalá estés aquí arriba, escondida en la oscuridad y vigilándome… ojalá cambies de opinión y decidas volver…Aquí te espero, envuelta en lágrimas mientras unos brazos me intentan consolar…Vuelve, vuelve ya.

 

 

 

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